martes, 27 de febrero de 2007

EL NUEVO CONDUCTOR DE MITRE ¿ HACE FALTA DECIR ALGO?info radio de Buenos Aires

Brieva: "Nunca escuché Radio Mitre, me prendía con las emisoras que llegaban a Santa Fe"

Reunión de productores de un total de tres radios. Cayó una Pronto al grupo y comenzó a reir (una casi a llorar) al leer una nota a Dady. Todos reconocen simpatía en Brieva, muy eventualmente para verlo en teatro si es gratis, pero transcribamos su confesión de parte: "¿Tiene nombre el programa?", preguntó Pronto. "No todavía. Cuando buscan mucho, es probable que termine llamándose Dady 790 (ya terminó). Nunca escuché Radio Mitre, me prendía con las emisoras que llegaban a Santa Fe...no me meto donde no sé, no quiero engolosinarme y EMPEZAR A HABLAR DE POLÍTIICA, ECONOMÍA Y COSAS QUE NO CONOZCO". ¡Vas a hacer un programa de radio!!!!!, gritó alguna ya indignada. Dady cerró con una frase un poco críptica: "Me parece piola que en algún punto PRONTO y PAGINA 12 se junten para hacer un medio en el cual puedan sacar cada uno del otro lo mejor dejando de la los pruritos. Eso pasó conmigo y con Mitre". ¿HACE FALTA AGREGAR ALGO

Radio Lalo mir, el microfono como una forma de vida

“La tele pide que la adores, la radio es como un candelabro”

Con años de experiencia en el medio y una potente capacidad de análisis, el hombre que puso una nota diferente en el aire desde 9PM y Radio Bangkok echa un vistazo a las características de la radio argentina y expone los argumentos por los cuales descree de la diferenciación entre AM y FM.

Por Oscar Ranzani

Cuesta imaginar qué le falta mostrar a Lalo Mir en radio. Una de las voces de la mítica Radio Bangkok, que a fines de los ’80 revolucionó la FM, está de nuevo en su salsa. Es que Lalo volvió a hacer lo que más le gusta: sentarse frente a un micrófono y bla bla bla. Con toda la magia que ese ejercicio mediatizado encierra, y con la carga expresiva que le imprime a través de su dicción. Su regreso al medio es por partida doble, ya que, después de su paso por Radio Mitre, retorna a la FM, aunque disiente con la diferenciación de los formatos. No está solo en la tarea: conduce la segunda mañana de La 100 (lunes a viernes de 9 a 13) junto a Maju Lozano, en un ciclo que no tiene nombre pero que contiene mucha música.
Durante la entrevista con Página/12, Lalo pasa de la seriedad al delirio en un instante, fugazmente, casi como haciendo un personaje de sí mismo, una cualidad que supo explotar históricamente. Comenta que el programa “está armándose” pero tiene “dos condimentos fundamentales, que son la estructura de FM 100 y mi experiencia y mi carrera”. Si bien reconoce que por ahora le resulta difícil definir en un ciento por ciento la identidad, asegura que su intención es hacer “una cosa mucho más fluida que otras que he hecho antes. Es decir, bajar el nivel de código y la cosa estructurada y presentarlo más como una charla informal, si se quiere. Antes yo concebía siempre módulos dentro de unas estructuras, como unos paquetes con unas identidades, unas aperturas, cierto barroquismo que ahora no está. Entonces, todo es más laxo. Aunque lo que se dice es lo mismo”, comenta con tono distendido, pero sin renunciar a ese ritmo veloz que lo identifica, al igual que su verborragia.
–¿Cómo definiría su público? Antes era mayoritariamente juvenil, ahora parece estar más codeado con el público adulto joven. ¿Cambió su público o es el mismo que creció con usted?
–Ambas cosas. Por ahí son cuestiones múltiples. Uno crece y evoluciona hacia algo, o involuciona y digamos que va llevando gente en ese mismo camino. Es como que van caminando juntos. Hay otros que se pierden en el camino, porque los crecimientos no son simétricos y hay gente nueva que llega que es medio multitarget. En definitiva, es un poco la suma o la mezcla de todo lo que me fue pasando en los últimos años. Entonces, hay de todo. De pronto hay gente grande que me escucha por primera vez, y hay pendejos que me escuchan por primera vez también. Es el hijo por la madre o la nieta por la abuela. O es el abuelo. Entonces, es largo el camino y se dan unas simultaneidades de cuestiones. Me parece que es muy multitarget. Obviamente, si lo vemos en términos de análisis de mercado es un público adulto joven, absolutamente, cuyo fuerte debe estar por arriba de los 20 y hasta los 40.
–Usted no es amante de la diferenciación entre AM y FM. A pesar de eso, ¿no cree que cada vez están más parecidas? Por ejemplo, la FM incorporó buena parte de la carga informativa que en un principio tenía la AM.
–Me parece mera convención. Hablando con un amigo que está trabajando en Lima por un asunto de radio y analizando el mercado de allá, le pregunté esto mismo: “¿La radio líder es AM o FM?”, por la convención argentina. Me dice: “Es una FM pero, como está hecha, es como si fuera una AM”. Es decir, hay un micrófono, un tocadiscos, un parlante y una antena. Lo que le pongas adentro depende del ser humano y de las convenciones que marquen negocios, business, mercado, sociedad. No hay otra cosa. La radio es una radio y va hacia una síntesis absoluta. Ya hoy en día escuchás todas las repeticiones de AM de Buenos Aires en el interior a través de FM. Las escuchás en FM y en estéreo. Después, a las FM de Buenos Aires sí las escuchás en FM. Pero ambos públicos de AM y FM que no están ni en Buenos Aires ni en el país iniciaron una nueva era de la radio que es la radio en la web, donde teniendo banda ancha vos sintonizás cualquier radio y se escucha bien. En ese caso, ambas no son ni AM ni FM, porque la calidad del sonido sería una mezcla entre la AM y la FM. Tiene más calidad que una AM y menos que una FM. Ahí tenés un tercer formato.
–Uno de los componentes fundamentales de la radio, desde su nacimiento, fue la improvisación. ¿Considera que se perdió bastante?
–Depende de a qué radio nos estemos refiriendo. No sé, en mi caso siempre tiene una cuota de cosa prevista y una cuota de improvisación. Los porcentajes varían de acuerdo al hecho, al momento y al evento. A veces es todo hecho, todo escrito, producido y hasta grabado y ni te das cuenta. Y en otras, es totalmente improvisado. Muchas veces un componente adopta el otro. Es decir, lo empezás a hacer improvisado y decís: “No, es muy desordenado. Conviene que tengamos previsión de cómo empieza, cómo sigue, cómo termina y un ruido que te identifique”. Y otras decidís que no. Yo no tengo una fórmula.
–¿Y cómo vive ese momento de improvisación? ¿Piensa en alguien en particular a quien dirigirse? ¿Está el peso de la audiencia en ese momento?
–No, sos un hombre en un cuarto hablando solo, un loco hablando solo. Tengo más esa imagen. Se achicaron las distancias con la aparición del correo electrónico o los contestadores automáticos que funcionan con las computadoras. Siempre tuvimos el feedback, pero antes recibíamos cinco o seis mensajes y ahora son como trescientos en media hora. Decís una gilada y todo el mundo te salta encima. Es diferente, hay más control. Hay más Gestapo popular. Hay como una intelligentzia del oyente y hay un cuerpo de elite de esa intelligentzia que te marca las faltas, los errores de sintaxis, las palabras mal pronunciadas.
–¿Y eso atenta contra la espontaneidad?
–No debiera. Eso depende de cómo uno juega el partido. En realidad, te hace pensar un poco más las cosas. Por ahí, tenés tendencia a ser menos espontáneo, pero no lo veo como un atentado. Sencillamente, una evolución a cosas que pasan en la vida del que escucha y del que habla. Ningún peligro. Bah, no sé, quizás un día salen hordas a la calle y me cuelgan en una plaza pública. Y entonces, tú tendrás esta nota y dirás: “Yo lo sabía y él también sabía que iba a terminar colgado del patíbulo popular” (risas).
–En los diferentes viajes que realizó, ¿notó muy distintas las radios extranjeras respecto de las argentinas? Estableciendo una comparación, ¿cuáles son las características fundamentales de las radios de nuestro país?
–Nuestra radio es más heterogénea. Afuera la radio es más homogénea. Estás en París y es toda parecida, estás en Nueva York o Los Angeles y es más o menos parecida. Después, tenés que buscar con los dedos algunas cosas que salen del patrón general. La radio europea, en general, es más seria y menos jodona que la nuestra. La americana es como que tiene la misma chispa, la misma pimienta, pero más pava. Una de las cosas buenas que tenemos es la radio: diferente y variado. No solamente variado en el sentido de que hay una radio de rock, una de folklore, una de tango, porque eso está en todo el mundo. Digo en cómo se lo encara, cómo se comunica, cómo se lo presenta. Yo he grabado mucha radio. Me gustaba viajar y grabar radio. No llevaba cámara de fotos sino grabador. La radio es como un sonido que tiene mucho que ver con la sociedad donde está puesta. La de Catamarca es diferente a la de Buenos Aires. En cada lugar la radio tiene el color del lugar.
–¿La radio es solo un medio?
–Es un medio, pero es toda la humanidad que lleva adentro. El diario también es un medio y, sin embargo, forma parte fundamental del devenir de las naciones porque todo se cocina ahí, y no en la radio. Son partes distintas. Por la radio pasa mucho la cultura, lo popular. citemos a McLuhan: el medio es el mensaje. Por ahí, también fabrica su propia cosa que no está en ningún otro lado. De hecho, lo hace. Es una suma de humanidades de los que ponen música, de los que escriben guiones, de los que graban avisos y de los que hacemos de payasos, animadores o entretenedores de esta cuestión. Por ahí, la radio dentro de los medios juega más libre entre los límites. A veces, arriba de una mesa en un taller mecánico en Pompeya, a las cinco de la tarde, con los chabones cansados que por ahí se quedan colgados del parlante escuchando lo que estás diciendo, es como un cacho de esa familia.
–¿Entra más en la intimidad?
–Es menos invasiva, o invasora. Es un parlante que suena al cual te acostumbrás. No te pide mucho. La tele pide que la mires, que la adores, que hables de ella mucho rato después, como la concebimos los argentinos con la pasión nuestra. La radio es más como un... candelabro, que se prende siempre porque esa luz chiquitita alumbra mejor.
–Le dio aire a Radio La Colifata cuando no era tan conocida como hoy. ¿Cómo se contactó y qué lo motivó a ofrecerle espacio en sus programas?
–Alfredo Olivera (N. de la R.: director de La Colifata) vino con un radiograbador y un casete a Radio Bangkok o a Buenos Aires, una divina comedia, no recuerdo. Me dijo: “Lalo, te quiero hacer escuchar un programa de LT 22 Radio La Colifata, que la hacen los internos del Borda”. Me pone el casete y escucho un par de chabones diciendo unas cosas que me rompieron la cabeza. Nosotros pasamos los micros de La Colifata durante años y algunos de ellos quedaron como las perlas o los grandes éxitos. ¡Maravillas! Por suerte los escuchó más gente a través de mis programas. Estaba planeado como un taller terapéutico y lo es con creces, más que la pintura, más que la poesía, porque la radio sale. Y al salir, vuelve y esto hace que rompa la pared. El problema del loco es el aislamiento, y la radio te lleva para afuera. Alfredo vino con esa radio. Escuché eso y le dije: “¿Cómo lo hacen?”. Y me dijo: “Con esta radio”. Miro, y era un radiograbador viejo, todo abollado. Le digo: “¿Cómo?” Me dice: “Ponemos un casete y grabamos. Después, elegimos las partes y lo editamos en un segundo casete y cuando está listo lo ponemos fuerte y lo escuchamos”. La institución radio ¡era un radiograbador! ¡Me rompió el bocho! ¿Cómo le iba a decir que no si me estaba enseñando a mí?

PAGINA /12

LA FICHA DE Enrique Eduardo Mir... ( PAGINA/12)

Eduardo Enrique Mir nació hace cincuenta y cuatro años, y hace treinta y dos que se dedica a la radio. Empezó desde muy temprano, a los catorce y en San Pedro, su pueblo natal al que nunca olvidó a pesar del éxito y la fama. Fracasó en su primer ingreso al ISER, pero el tiempo le dio la razón: se graduó en 1973. En 1987 produjo un cambio histórico en la FM, junto a Douglas Vinci y Bobby Flores y a través de un experimento radial que terminó haciendo escuela: Radio Bangkok, por Rock & Pop. Antes ya había sorprendido con 9 PM, acompañado por Elizabeth “La Negra” Vernaci. “A la noche en Del Plata desde el ‘82 –recuerda Lalo–, justo antes del estallido de Malvinas, empezó 9 PM, que era el mismo formato de Del Plata, con un poco más de palabras, mucha música también y un ritmo más loco y desenfrenado, como eran conceptualmente los programas rápidos de la mañana AM de la década anterior. Es decir, un Rapidísimo o un Fontana Show, hecho en FM con espíritu rockero. La base técnica era: separador corto-ritmo-música-toque-pam pam-ruido-pum-noticias. La era zigzag empezaba. Y eso yo creo que se trasladó un poco a Rock & Pop.” Años más tarde repetiría la dupla con Vernaci, esta vez por la Rock & Pop en el programa Buenos Aires, una divina comedia. En 2001 protagonizó una situación poco común, al estar en FM y AM a la vez: Animal de radio (Rock & Pop) y Lalo bla bla (AM Del Plata). El tránsito de Lalo Mir por la radio incluye más emisoras: Rivadavia, Mitre, FM Splendid, Belgrano, Antártida, Excelsior y FM 105 (Continental), entre otras. Si bien es un neto animal de radio, también pasó por la TV: lo más destacado fue Las patas de la mentira, dirigido por Miguel Rodríguez Arias. Participó del último año de La noticia rebelde y también condujo Planeta caníbal, con el grupo de teatro Buena Yunta, y Los Osos, con Alejandro Fantino y Favio Posca.

domingo, 11 de febrero de 2007

LA RADIO




Casi simultáneamente con los Estados Unidos comienza en la Argentina la transmisión regular de radio. Por iniciativa de cuatro jóvenes, uno médico y otros estudiantes de medicina, Enrique T. Susini, Miguel Mujica, César J. Guerrico, y Luis Romero Carranza, el 27 de agosto de 1920 un grupo de personas oyó desde sus casas una transmisión. Instalaron en el techo del Coliseo una larga y complicada antena y en dependencias interiores del teatro un transmisor de 5 watios, con una bocina parecida a la de los fónografos de la época pero de dimensiones mayores. Estaba Yrigoyen en la presidencia y dicen que comento así la hazaña: "Cuando los jóvenes juegan a la ciencia es por que tienen el genio adentro".

En 1921 fue posible transmitir casi todas las funciones del "Coliseo". Tres años después ya funcionan en el país 60.000 receptores y pioneros del medio realizan experiencias fundamentales, como la difusión de eventos deportivos y la utilización de publicidad (por primera vez en el mundo según historiadores).En 1923 salió al aire una segunda emisora, Radio Sud América, que instalo Miguel Roux Deledicque, cuyos programas se anunciaban en la prensa. En septiembre de 1923 se transmitió el Match Firpo - Dempsey desde New York, por iniciativa de La Nación.Poco después se instalaron otras emisoras, Lou Radio Brusa (hoy Excelsior), Radio Libertad (hoy Mitre), Radio Casa América , Radio Grand Splendid (hoy Splendid) y Radio Nacional, luego Belgrano. Las dos ultimas fueron las que más sostén comercial lograron y las que contaron con modernos equipos transmisores, mejorando sus programas. En 1924 se dio permiso a la sociedad rural de cerealistas de Rosario para instalar una estación transmisora.El crecimiento del medio provoca conflictos y ya en 1925 deben ser reglamentada la frecuencia de emisión con sucesivas reglamentaciones (1929- 1933- 1949). A lo largo de la tercera década, al éxito de radio Splendid y radio Belgrano se suman la creación de Radio el Mundo (1935). El surgimiento de una nueva emisora vinculada con el grupo editor Haynes provoca por competencia un fuerte y sostenido desarrollo. El empresario Jaime Yankelevich crea desde Belgrano las primeras transmisiones en cadena.
Una mención aparte merece el radioteatro que aparece en el dial en 1929. Las primeras manifestaciones mantienen un esquema con una mínima voz argumental que incluye canciones, payadas y fiestas camperas. Con el desarrollo de los radioteatros, los actores se popularizaron hasta convertirse verdaderos ídolos. En esta primera etapa se desarrollo también la línea del radioteatro histórico que se inicio en 1933 con "bajo la santa federación" de Héctor Pedro Fernández, quien seria uno de los nombres más destacados del género. A partir de mediados de la década del '30 comienza la explosión del género que solo se interumpió con la llegada de la televisión y el teleteatro. Así se crearon numerosas compañías, se amplia la temática, adaptándose obras y novelas literarias. El género se diversifica de acuerdo con las edades, sexo y extracción social del oyente: surgen radioteatros infantiles " La Pandilla Marylín" y el exitoso "Tarzán de la Selva", "Poncho Negro" radioteatros policiales, sketchs, comedias breves, sainetes, radioteatros familiares y costumbristas ( sin duda, "Los Pérez García" fue la más exitosa. En la década del '40 la temática que se impone es la historias de amor dirigidos fundamentalmente al publico femenino en este rubro brillaron las voces de Oscar Casco, Hilda Bernard, Susy Kent, Rosa Rosen, Eduardo Rudy, Jorge Salcedo, Julia Sandoval. Entre los autores Abel Santo Cruz, Nené Cascallar, María del Carmen Martínez Paiva y, en la década del '50 Celia Alcántara, Alberto Migré, Alma Bressán entre otros.
Hacia 1940 la radiofonía Argentina ha adquirido un poder y desarrollo económico que pocos países podían ostentar, lo que coloca, según algunos autores a renglón seguido de los Estados Unidos.La radio de los cincuenta irradia para la familia la audición de Jabón Federal, por Radio Belgrano, el programa de mayor audiencia. En la decada del '40, de la mano de Antonio Torno- que en 1937 integro la tropilla de Huachi Pampa- en el programa "El Fogón de los Arrieros"- el folclore volvio a ocupar un lugar destacado en la radio y en 1950 alcanza un éxito total "El Rancho 'e la Cambicha".En la radio los programas musicales eran verdaderos shows, con orquestas tipico, orquesta de jass, el solista de moda, la variedad, el recitador.En los '50, Alberto Castillo despertaba una enorme adhesión así como también el italiano Nicola Paone ("La Cafetera", "¿Usted que tiene ahí?"), con la llegada de la televisión, radio Belgrano pasó a ser LR3 Radio Belgrano Televisión.Dentro de la estructura radial del peronismo Enrique Santos Discépolo con su personaje "Mordisquito" fue un símbolo, a través de él Discépolo mantenía un diálogo imaginario con alguien que no reconoció los logros del peronismo. El ciclo se interrumpió con la muerte de Discépolo en 1951. La muerte de Eva Perón quedó expresado en la radio con música sacra- durante 16 días- y la costumbre de evocar su muerte a la hora del hecho con la expresión "son las 20.25 hora en que Eva Peron paso a la inmortalidad."Sin duda uno de los éxitos radiales de la época fueron "Los cinco grandes del buen humor" ("Pato Carret, Jorge Luz, Juan Carlos Cambón, Zelma Gueñol y Guillermo Rico"). En 1954 Delfor presenta en radio Argentina "La Revista Dislocada", este fue el primer programa cuyos avisos estaban integrados al clima divertido de la audición. Alejandro Romay era el animador de "Lluvia de estrellas", en tanto otros programas de tango que se escuchaban eran "Mundo de Tango" y "Una Cita con el Tango"En 1956 llegaban a nuestro país las primeras radios portátiles transistores. Así la radio "viaja" con el oyente, un ejemplo de ello son los hinchas de fútbol que van a la cancha y siguen el relato por las famosas radios "Spica".
A propósito de las transmisiones deportivas, estas tuvieron un papel central en la radiofonía Argentina la primera transmisión de un partido de fútbol se hizo en un partido entre Argentina- Uruguay en 1924 y el primer relato completo de un partido corresponde a Tito Martinez Delbox en 1927. Aunque en realidad la primera transmisión deportiva fue la de la mitica pelea Firpo- Dempsey en 1923. Martinez Delbox fue el creador del famoso programa "Gran Pensión el campeonato" que se mantuvo enel aire 13 años, desde 1939. Alfredo Arostegui, desde 1928 transmitio los juegos olímpicos y es conocido como "El Relato Olímpico".A partir de los años '30 vendrían Horacio Beblo, Ricardo Lorenzo "Borocotó" y el "Maestro" Fioravanti que relató fútbol y boxeo con un estilo sobrio y formal. En los '40 y '50 frente a Fioravanti había otro relator encarnaba un estilo más campechano: Lalo Pelliciari.Otro grande de las transmisiones deportivas fue Luis Elias Sojit, "el inventor del automovilismo deportivo" creó "Coche a la vista" además de relatar fútbol Sojit reconocía como los grandes de su época a Lalo Pellicciari, Bernardino Veiga, los hermanos D'Agostino, Luis García del Soto, José María Muñoz, Enzo Ardigó, Julio César Marini, Alfredo y Luis Arostegui, Borocotó y Fioravanti. A Sojit lo sucedieron, en los '60, Andrés Rouco y Lisandro González Longhi con "Carburando", Oscar Gañete Blasco y Pérez Trigas con " Emoción en las rutas", Carlos Legnani con "Campeones en el Camino".Volviendo al fútbol, desde los '50 hasta los '80, José María Muñoz "El relator de América" fue la figura de los relatos deportivos cambio el estilo de las transmisiones al marcar cada jugada o el gol que iba a venir ("Peligro de Gol…") fue cuestionable su actitud complaciente con la dictadura militar durante el mundial '78 y el mundial juvenil '79 (momento en que visitaba el país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos). Entre los comentaristas que trabajaron con él en "La Oral Deportiva" se cuentan Julio César Calvo, Julio Ricardo, García Blanco y Enrique Macaya Márquez, y con quien formó dupla Enzo Ardigó. Vale recordar que este programa, "La Oral Deportiva" existe desde 1933 y hasta la llegada de Muñoz se limitaba al fútbol y con él se incorporó el automovilismo y, luego, todos los deportes. José María Muñoz estuvo al frente de la misma durante 35 años.En la década de ochenta "Sport 8O"- primero aparece en radio Mitre y luego en Continental- un mero estilo de relato con Victor Hugo Morales ("ta, ta, ta…") Cuya particularidad es recrear los diálogos que se producían en la cancha. Quizá su más famoso relato sea el gol de Maradona a los ingleses en el mundial '86. A partir del ochenta una nueva camada de periodistas acompañan a los hinchas de fútbol: Fernando Niembro, Marcelo Araujo, Juan José Lujambio, Alejandro Fantino, entre otros.Con el final de la década del 50` se notaban algunos cambios importantes en la radio: desaparecían los elencos estables y las orquestas exclusivas de las emisoras, perdían atractivo los radioteatro por la competencia de la televisión. De este modo en la década de 60`- con la aparición de las empresas productoras de programas de radio- si bien se pretendió estimular la creación artística radial, se abandonaron los programas en vivo y la radio pasó a ocuparse, casi exclusivamente de la música y la información. El horario central de la radio pasó a ser el matutino, ocupando la televisión el nocturno.Asi en los 60´ surgieron programas musicales como "Escalera a la fama", "Música en el Aire", "Escala Musical"- donde se difundió a los integrantes del Club del Clan -, "El mundo de la guitarra" con Antonio Carrizo. También aparecen algunas novedades técnicas: el programa "La Cabalgata Musical Gillette", es el primer programa grabado con comerciales ambientados incluidos en la estructura del ciclo. En este programa, se pasó por primera vez, un tema de los Beatles - traducidos como "Los Escarabajos".En 1964 estaban de moda los programas de preguntas y respuestas: "La Campana de Cristal", "La Justa del Saber".A partir de los años 60´ y hasta 1980 un periodista se hace imprescindible para saber lo que pasó, en tiempos de reiteradas censuras; Ariel Delgado desde Radio Colonia de Uruguay con su clásico "Hoy más informaciones para este boletín".Por esos años estaban en el aire "Fontana Show", "La Gallina Verde", "El Diablo Cabo" y en 1967 nace "Rapidísimo" con Hector Larrea que le dio amplia difusión al tango, la folklore así como también a la participación de los oyentes a traves de mensajes telefónicos. En 1968 nació "Argentinísima" con Julio Marbiz.La radio fue logrando superar la dicotomía con la televisión y pasó a ser el medio de comunicación y servicios por excelencia. Va desapareciendo el concepto de "radio espectáculo" y comienza el de "Radio Coloquio".Al comenzar la década del 70´ Cacho Fontana y Antonio Carrizo eran los modelos a imitar por los jóvenes periodistas que se estaban iniciando. Radio Continental funcionando desde 1969 - remplazó a Radio Porteña -. En 1970 se inauguro Radio del Plata que desde sus comienzos tuvo un perfil periodístico y musical. Pero su gran novedad fue su frecuencia modulada estereofónica. En sus comienzos estuvieron Víctor Sueiro y Julio Lagos - Mario Mactas. La moda era hablar en tonos bajos y sugerentes como Nora Perlé, Nucha Amengual. Los programs nocturnos volvían a tener vigencia y entre ellos "Modart en la noche", "Imaginate" (Juan Alberto Badia y Graciela Mancuso) "El Tren Fantasma" (con Omar Cerasuolo), "Las Siete Lunas" ( Betty Elizalde) "La Noche con Amigos" (con Leonel Godoy). Hugo Guerrero Marthineitz "El peruano parlanchin" condujo "El show del Minuto", espacio en el se mostraba como un innovador del estilo radial. La década se cerraba con Antonio Carrizo haciendo "La vida y el canto".Los años 80´ tienen en cuanto a la evolución radial dos hechos que lo caracterizan y que permanecen hasta el presente: la amplia difusión de las FM y la aparición, en todo el país de las radios de baja potencia de alcance local y comunitario. Así aparecieron algunas radios que renovaron la estética radial (Rock and Pop) creándose lo que se llama la "radio de segmento": desde las dedicadas exclusivamente al tango (FM Tango), a la música clásica, de bailanta y las radios que pasan "los éxitos del momento" (FM 100, Z95, FM HIT, Radio UNO, TOP, Horizonte, Feeling, Aspen ). De este modo surgieron nuevos representantes del medio radial: Lalo Mir, Mario Pergolini, Ari Paluch, Boby Flores, Marcela Feudale, Gabriela Guimarey, Elizabeth Vernacci entre muchos otros.En el ámbito informativo con la vuelta de la democracia la radio cobró nueva vida. Un ejemplo fue la estatal Radio Belgrano durante los años 1984 y 1985 con programas como "Sin Anestesia" con Eduardo Aliverti, "Nuevos Aires" con Enrique Vázquez, "Ciudadanas" con Ana María Muchnik, "Sueños de una noche de Belgrano" con Jorge Dorio y Martín Caparrós, "Historias en estudio", con José M. Pasquini Durán, "Mañana, tarde y noche".Desde 1983 en adelante la radio fue más frontal, con la información al instante y con opinión. Entre los periodistas que ocupan un lugar destacado en este segmento están Nestor Ibarra, Santo Biasatti, Rolando Hanglin, Magdalena Ruiz Guiñazú, Román Lejtman, Nelson Castro, Alfredo Leuco y tantos más.El humor ocupa un lugar destacado en la radio. Desde un lugar muy especial, desde 1987 Alejandro Dolina hace "Demasiado tarde para lágrimas", donde el humor se mezcla con la ternura y la difusión de historias.Hoy la radio ya ni se plantea competir con la televisión porque pudo afirmar su propio estilo: radio con ritmo informativo, radio con separadores, radio para escuchar con walkman o en el auto, radio que acompaña, informa y entretiene.


Una buena fecha

Para decirlo desde un comienzo: no hemos aprendido nada, como pueblo y nación no hemos aprendido nada. La misma soberbia, el mismo cántico en nombre de un pueblo que se inventa para seguir patoteando la historia, la misma unanimidad diseñada para imponerse sobre el silencio y el conformismo, el mismo progresismo arrebañado.
Esta fecha no tiene por qué ser neutral, si se quiere enarbolarla y hacerla símbolo o efemérides la oportunidad existe para un espacio de debate, reflexión e información. Podemos dejar la vana e interminable conversación sobre si la memoria sí o la memoria no, o si para la pacificación es bueno que se recuerde la sangre. Si España, Francia o Chile, no adoptaron mejor camino, dejemos eso que no conduce a nada. No tengamos miedo de rememorar, de reflexionar. ¿Pero sobre qué? ¿Sobre el Golpe? ¿Para hacernos los democráticos y defensores de los derechos humanos por decreto moral presidencial y ley del congreso habitados ambos por todo tipo de oportunistas?
Nadie debe ignorar que de los menos de doscientos años de nuestra historia, sesenta se han desarrollado bajo la égida política y simbólica del peronismo. Y más allá de los pro y contras de su trayectoria que dividen a las gradas, y más allá también de la mente oracular que se necesita para explicarle la esencia de este fenómeno político a quien no sea argentino, nosotros, los que habitamos este suelo, al menos nosotros, debemos dejar de cantarnos a nosotros mismos la sanata de la juventud maravillosa que hoy ya abuelos se felicitan por escracharlo a Videla. Es de pobres de espíritu y de mentirosos profesionales.
Esta es una buena fecha para interrogarse sobre qué pasó en nuestra historia política de 1972 hasta diciembre de 1975. Para estudiar la génesis de lo que será nuestro mayor desastre nacional, la lucha armada y los secuestros, la mentalidad para la cual todo camino político de alianzas de grupos de intereses en vistas de un régimen constitucional con garantías era una maldición burguesa, es buena para medir el triunfalismo y el vanguardismo ignorantes de las raíces culturales de nuestro auténtico pueblo. Es una buena fecha para reflexionar sobre la guerra civil peronista, sobre su extrema derecha, sobre las relaciones de los montoneros con el nazifascismo, sobre las relaciones entre la cúpula sindical peronista con los militares represores desde los tiempos de Onganía. Sobre los efectos políticos del Cordobazo que preparó el retorno de un Perón del que ya se sabía por quien iba a venir acompañado.
Es una buena fecha para pensar sobre el valor de las estrategias en la política, sobre los caminos para debilitar y aislar a un adversario. El abrazo Perón-Balbín fue un buen abrazo, pero nada más que un abrazo, eran dos viejos de cuerpo y espíritu. Pero no hubo fuerzas reformistas y corajudas para aislar al pueblo golpista, porque en nuestro país también hubo un poderoso pueblo gorila, un pueblo e instituciones, iglesia y sectores políticos, frentes sociales y grupos económicos, que apoyaron al partido militar, porque los militares no eran sólo los que interrumpían procesos de proscripción constitucional, sino la válvula de la olla a presión de los dilemas nacionales.
Es una buena fecha para analizar los procesos voluntaristas de distribución de la riqueza con aumentos de sueldos y congelamientos de precios que llevaron un proceso de Gelbard a Rodrigo. Es bueno y mejor aún para calibrar el comportamiento de la sociedad civil luego del golpe, de sus instituciones, de los partidos políticos brindando en la confitería El Molino junto Videla, de las asociaciones profesionales en permanente diálogo con el poder, de las agencias de publicidad al servicio de las campañas por la paz obtenida, de los programas de televisión, pero no sólo Neustadt, Grondona y Sofovich, sino otros, a Tato brindando con los generales, a Magdalena bajando línea tan funcional al sistema, las relaciones de la cúpula sindical y montoneros con el gran movimiento histórico del almirante Massera, la euforia promilitar durante la guerra de Malvinas, todo esto y mucho más pero no para caza de brujas sino para mirarnos al espejo y ser un poco más honestos y pensar, entonces sí, para adelante.
Es una excelente fecha para pensar el presente y el futuro. La guerra política interperonista es de hoy y del inmediato ayer. Supongo que no hemos olvidado cómo se arrojaban el uno al otro el cuerpo de José Luis Cabezas Menem y Duhalde, entre yabranistas y los de la maldita policía, y otras tantas cosas truculentas que los dos magnates del justicialismo llevaron a cabo para dejar el país en el estado en que lo decoró un hombre como de la Rúa.
Escrachar a procesistas, marchar de a miles con la bandera de los derechos humanos como si fuera la de Boca o River, juntarse en suplementos culturales y números especiales, para forjar una imagen mediática políticamente correcta, es mezquino homenaje a los miles de asesinados de los setenta. No digo que deberíamos antes escracharnos a nosotros mismos porque no se trata de un mea culpa acompañado por profesionales del arrepentimiento, sino de pensar en la verdad, en la famosa verdad, sin golpes bajos, sin vender barato la palabra genocidio, sin hacer amarillismo revolucionario.

Contra el recitalismopor Esteban Schmidt

Durante mi vida he participado de más velorios y entierros de los que han sido necesarios y, las más de las veces, movido principalmente por el morbo y el increíble magnetismo que tienen esas cajas lustradas. Por suerte, es una etapa superada y ahora evito estas ceremonias tanto como puedo, tratando, eso sí, de no cruzarme del lado de los miserables que abandonan al deudo, que bien puede ser un amigo, por no compartir un rato en una sala con pésima luz y sillones de cuerina, caramelos de menta y kitchenete con botellas de Añejo W. Cierto, que un domingo no es un buen día para hablar de la muerte, para presumir de entendido en materia funeraria, máxime si el sol amaga con salir y la zona norte de la ciudad de Buenos Aires presenta, colorida, su maqueta de aquí no ha pasado nada. Para ponernos negros, nada como un jueves a la tarde en una oficina de la Afip de Luis María Campos, o un viernes a la noche caminando por Barracas cuando los vecinos, para no tomarse el trabajo de bajar las escaleras, tiran la bolsa de basura por la ventana. Pero es domingo. Hablemos, entonces, de León Gieco.
¿Quién no desafinó Cachito, campeón de Corrientes?
¡Chau, Cachito, Chau. Vas a ser el campeón!
León Gieco, es el promotor del show que la banda Callejeros va a dar en mayo en la cancha de Vélez a beneficio de las familias de las víctimas del incendio en el boliche República de Cromagnon. De esta manera, León, que acaba de presentar su Dvd de Ushuaia a La Quiaca, ha resuelto llevar más y más lejos aún su acostumbrado paternalismo sobre las causas justas y su equívoca condescendencia sobre las que parecen justas. Como siempre que nos molestan estas cosas, la causa del fastidio no es el derecho de otros a jugar su partido en la comunidad de vecinos, a darse un lugar público con lo que se les antoje, sino que lo que pone en guardia, son los sentidos que se ponen en juego, los que se inventan o se reactualizan y que, por la dimensión de algunas figuras (León, Victor, ¡Domingo Cura!) y la escala de sus realizaciones (el estadio de Vélez, los grandes medios), pueden vulgarizar visiones de las cosas que acaben neutralizando la vocación aleccionadora y positiva que es siempre uno de los rasgos que emerge tras una calamidad. Digo. No nos olvidemos de León, anotemos su nombre al margen. Es hora de que resolvamos el misterio. ¿Los Callejeros son culpables o no son culpables?
No me refiero a lo que debe decir el juez. Me refiero a lo que es.
Son culpables.
Los Callejeros son una banda de rock. Lo que hacen es un trabajo.
Graban discos.
Hijos de ministros, de acopiadores de cereal, de importadores de linternas, se cuentan entre sus fans.
Tienen más de dieciochos años.
No son inimputables. No les dan de comer en la boca. Cobran dinero por sus shows.
Iban a porcentaje en Cromagnon. No era un cachet establecido por fax.
Más entraban a la sala, más dinero ganaban. Más entraban, más ganaban. Podés tener 25 o 45 años. Usar el pelo largo, la libertad con fijador, arito en la oreja, piercing en las bolas. Pero vas a porcentaje. Quisiste ir a porcentaje. Fuiste socio del dueño del boliche por cada uno que pasó al salón por encima de las posibilidades del lugar. El lugar común que repiten los músicos es que “siempre fue así”. Y, entonces, son solidarios, razonablemente, con los Callejeros porque les pudo haber pasado a ellos.
Pero son culpables.
Hay que ser medio turro para desear que alguien vaya en cana, pero no hay que ser menos turro para hacerse el boludo olímpicamente.
Los Callejeros estuvieron hace poco en la tele, en lo de Nelson Castro. El baterista Vázquez entró en el segundo bloque porque estaba quebrado. Dijeron que están dolidos. Que no lo pueden creer. Dijeron: “no lo podemos creer”. Pero no tiene sentido que lo discutamos o que se utilice como disculpa. Una de las desventajas de ser adulto es que ya no te alcanza con creer.
El tamaño de la desgracia de Cromagnon puede lograr que los músicos de Callejeros maduren de golpe y el auténtico milagro de que Aníbal Ibarra se convierta en un estadista. Pero es posible que ni los músicos ni el intendente puedan en lo inmediato usar sus nuevos recursos personales. La dimensión del desastre y la responsabilidad que comparten con Chabán en la preparación del fuego los obliga a compensar el daño y a renacer mejores. Pero más adelante, después. La primera reacción de un culpable es zafar. Ibarra, por ejemplo, se quiere plebiscitar. ¿Si gana es un fenómeno? ¿no pasó nada? Tiene pocos apoyos, dos evangelistas y Daniel Grinbank, organizador de muchos recitales que desafiaban la química del aire y la física de los cuerpos ocupando un mismo espacio. Pero a diferencia de Ibarra que trata de zafar en un ring comiéndose piñas, los Callejeros la tienen un poco más fácil. Absueltos por los Feinmann, Lalo Mir y Fanny Mandelbaum encontraron ahora un padrino fenomenal, el santafesino Gieco. Sigamos con su nombre anotado al margen.
Si el recital es un intento de reparación por parte de Callejeros parece una buena salida porque cuando le hacemos una cagada a alguien, nos sentimos mejor cuando podemos hacerle bien. Eso es correcto. Lo que ahora nos pone en guardia es la forma de la reparación: el recitalismo. Si el General, aquel General, decía: “si querés que algo no salga, formá una comisión”. Yo diría hoy que si querés que algo borre los sentidos, organizá un recital al aire libre.
Volviendo al recitalismo. Es cosa de radicales. Si gobernamos bárbaro, se hace un recital, si gobernamos como el orto, se hace un recital para compensar, si no sabemos cómo gobernamos se organizan más recitales por las dudas. Debe ser el horror al silencio. En muchas tradiciones se canta en los entierros y son entierros copados, entierros para el cine. El anunciado capítulo Vélez de la era Callejeros/Cromagnon puede tener el efecto de lo bello tapando lo siniestro.
La escenografía de todos los músicos en escena y, anticipo, los encendedores prendidos (¡esos eran recitales como la gente!, ¡los de Badía!) en reemplazo de las bengalas, con un buen manejo de luces de la empresa de Juan Carlos Baglietto, harán del recital de Vélez el happy ending que le falta a Cromagnon.
Un Vélez así hará sentir mejor a los Callejeros —y todos queremos que la gente se sienta bien— pero consagrará la inocencia de los Callejeros y eso es malo no porque no se hace justicia, sino porque no bajará del primer puesto el hagamos las cosas de cualquier manera.
Junto con la consagración de la inocencia de los Callejeros, se consolidará el sobrenombre víctimas para las víctimas de Cromagnon. Pienso que en tanto víctimas tendremos que olvidarlas. Arrastrar cadáveres es recontrapesado. Quiero decir, algún Sebastián o alguna Julia habrá muerto en Cromagnon y ellos fueron las víctimas ese día. El resto de los días fueron otras personas que hicieron otras cosas, estudiaron, por ejemplo, o fueron cientos de veces a recitales así. Incluso un rato antes de ser víctimas fueron tipos que se metieron a un lugar donde no se puede respirar bien y donde no se puede ver a la banda. Algunos fueron con sus bebés y los dejaron en el baño del lugar donde se respira mal pagándole un peso a una señora. Un peso por bebé acomodado en la mesada.
Se dirá que el recital es para juntar fondos y lo será. Se hará como en Oslo. Pero siempre el dinero, ¿no? ¿Dinero? Objetivamente sabemos que si algo tendrán suficientemente estos familiares de víctimas son fondos (es lo que se corresponde con la escala del problema). Dinero para reparar el daño proveniente de las indemnizaciones, otra plata habrá que sirva para atenuar los costos de la medicina para los enfermos por Cromagnon y que se llamará subsidio y habrá otra plata fuera de protocolo que algunos aceptarán (porque así funciona) y otros muchos no, un dinero para no molestar, para no salir en la tele, para aliviar la carga penal de un funcionario municipal o policial.
Para los padres de las víctimas de Cromagnón, asociados en la ONG “Familias por la Vida”, Callejeros debería “juntar fondos de otra forma” y no a través de un recital. Ok, no en el recital. ¿Pero sí de otra forma? ¿Por qué hay que juntar fondos? ¿Eso es lo que pasó en Cromagnon?: ¿las familias se quedaron sin fondos?
“A los padres nos hace muy mal escuchar esa música. Nuestros hijos fueron a disfrutar de un espectáculo y no a inmolarse por un grupo. Es una falta de respeto hacer un show ahora. Seguramente lo hacen por su ambición de dinero”, dijo Nilda Gómez, presidente de esta ONG. Alguien dirá que Nilda está ciega por el dolor, yo me animo a decir que está reinventando a Famus (Familiares de muertos por la subversión).
La ambición de dinero de los Callejeros, hoy, es menos verificable que el hecho de que sus hijos no fueron a disfrutar de un espectáculo. La mayoría de los pibes, los muertos y los vivos, iban a los recitales a aguantar, a hacer masa, a intoxicarse, lo que también es un disfrute. Casi podemos decir que nadie va a disfrutar de un espectáculo. Las psicólogas separadas y con rulitos, de treinta y pico, que van a ver a Jorge Drexler dirían lo mismo. “Vinimos a disfrutar del espectáculo” pero Dios sabe que en su caso tampoco es así. Los pibes que iban a Cemento o a Cromagnon se sentaban al costadito, contra la pared, con la cervecita, con la cara triste, esperando a Godot. Un verdadero padre, Chabán, no como el que había en casa, los acojía en la penumbra, les pescaba la angustia al vuelo y les daba un trago y una canción.
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El rey de esta selva.
A León Gieco, su bonhomía, su macanudismo, sus canciones (por qué no), su permeabilidad, le permiten ser un tipo fenómeno unánimemente. Si eso le permite vender El país de la libertad a una compañía de celulares para un comercial, bueno para él. ¡Malo para el país de la libertad! Pero no buscamos santos, ni tipos que luchen toda la vida, porque esos están locos y los locos no son imprescindibles. Muy a favor, podemos decir que León Gieco (como Víctor Heredia) está siempre. Y eso es más de lo que se puede esperar de las personas que casi, casi, no suelen estar nunca. Los flaquitos de Bobosónicos se despiertan siempre un rato después que aparecen de los problemas de la vida. Pero me pregunto cómo está León, de qué manera está. Responderá: “soy músico, estoy como podemos estar los músicos, tocando, cantando, ¡con nuestras canciones!”. Je, también suele estar en cosas grandes y visibles.
León, como tantos otros, ha resuelto superar la complejidad de los asuntos humanos por vía de la reducción explicativa y proveer a la cura de los males mediante las solicitadas y el recitalismo. Luego, está su parte artística realizada en los últimos años con el diario en la mano. Un poquito de la Amia, de la embajada de Israel, desaparecidos (¡claro!), empresas privatizadas.
Dirán que es mejor que León sea el juglar de los desposeídos, de las víctimas, de los campeones de box de Corrientes. Diré que una de sus canciones fue la cortina musical con la que se alentó por Radio Diez, a razón de cuatro tandas por hora durante quince días, a la concurrencia que resultó ser muy masiva a la marcha convocada por el padre de Axel Blumberg. León es ahora el obispo del rock. Como un padre Farinello de las bandas. Los ve indefensos, chiquitos, respondiéndole a Nelson Castro, humilladitos en sets de televisión y se los pone al hombro. Pero, ¿por qué los ve así?
Nos importa que Cromagnon no oficialice un mundo con corrales de culpables, inocentes y víctimas de los que no se pueda escapar durante toda la vida. El relato periodístico, inevitable —ese radar que no ve nada, imbécil, abrumador— ya ha hecho su daño, subrayando el melodrama por sobre los hechos y los contextos de los hechos. Pero esta es la famosa batalla perdida. No podemos evitar la crueldad y el cinismo del ganapán que edita un noticiero de televisión pero tal vez le podamos pedir a León que no extienda su reconocible habilidad de acrecentar el cancionero folklórico hacia un papel de resonancia pública no musical que sólo sirve para hacernos cargo de nada.
En la Argentina (no sé como es en otro lado) la última vez nunca resulta ser la última vez. “Es la última vez”. Y no. Y así. Valiéndome del juego de palabras, el rock, si tiene una promesa troyana, es la de “la primera vez”, un eco vanguardista permanente que no sólo tiene traducción artística sino también algo más elevado y de regalo a la comunidad: más tolerancia, más amor, más cabeza abierta. Pero aquí fue sólo envase. En la Argentina, el rock, lo que hemos podido ver todos estos años, ha sido un negocio que se manejó casi peor que ese supermercado de Mendoza que obligaba a desnudarse a las cajeras por si se llevaban un turrón en el corpiño.
En paralelo con la decadencia nacional, el rock acompañó con obediencia la manía de hacer las cosas mal e indolentemente. No hablamos de un River bien hecho, sino de todos esos lugares chiquitos. Por dentro de ese esquema maltratante fue creciendo el rock más cabeza. Cromagnon fue la etapa final del maltrato, la fantasía más retorcida del primer turro que hizo números y se le ocurrió meter a cien donde entraban cincuenta. Tristemente, el rock chabón marida bien con la sensibilidad barrial y ahí es cuando el maltrato como costumbre y la descomposición del mundo que nos rodea se asocian para la espiral de la muerte. Podemos pasarnos horas murmurando: “Soy de Celina, es un sentimiento, no puedo parar”, pero no va a significar nada. No significa nada importante. Significa: vivís en Celina.
Invocar la pertenencia barrial tiene ese costado político con el que podríamos coincidir si se trata de hacerle frente, con dignidad, al deterioro de un territorio, obra y gracia de la transferencia de ingresos y la separación abismal con los que zafaron. Está claro, nadie que salga en la tele quiere ir a vivir a Celina, por lo tanto el de Celina resiste la humillación inventando una identidad. Pero cuando no hay política, cuando hay aguante, se trata objetivamente de una burrada convertida en sacramento y que alimenta el atado con alambres y las niñeras de un peso.
Invoquemos ahora a Vito Corleone cuando le pide al enterrador Bonasera que use “todo su poder, toda su habilidad” para arreglar el cadáver de su hijo Sonny y que su madre no lo vea desfigurado quinientos tiros después. Ayer que vi esta película por vez 109 pensé en León, en los padres de las víctimas, en mí, en Bonasera y su poder, en Aníbal, en Pato Fontanet, en el estadio de Vélez y en una novia a quien vi maquillar el cadáver de su madre.
Cuando se ha hecho una cagada de elefante, la culpa es inevitable y no debe ser reducida ni eludida. Y si por casualidad no somos castigados, debemos castigarnos y atarnos una piedra a la pata y caminar, eso sí, en dirección a la luz pero a la velocidad del peso y de la culpa hasta que nos sintamos mejor. Esto es jodido y deja poco margen, lo sé. Lo que pasa es que el cuento de la muerte tiene un final tristísimo.